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El último duro que lo gane otro

“Que el último duro lo gante otro”. Esta es una de las frases anónimas de Bolsa más conocidas del mundo, la cual se entiende perfectamente.

La misma se nombra porque, evidentemente, encierra una buena dosis de sabiduría y experiencia bursátil.

No obstante, al mismo tiempo, guarda una dosis bastante fuerte de peligro, pues seguir dicho principio, probablemente habrá hecho dejar de ganar más dinero del que se ha perdido.

El trasfondo fundamental del dicho es que cuando tenemos unos buenos beneficios hay que salir del mercado y no ser avariciosos, pues al final, acabaremos por devolver todos los beneficios de vuelta el día que el mercado corrija, y siempre termina por hacerlo.

¿Qué ocurre?

Pues que, en la inversión a largo plazo – la que mejor funciona para el inversor – hacer esto siempre suele terminar por ser una mala idea.

¿Y por qué es esto así? ¿No sería buena idea recoger beneficios y salirnos del mercado antes de que este corrija?

Sí que sería buena idea salir del mercado antes de que el mismo corrija, pero el problema es que nadie sabe cuándo va a corregir, al menos nadie normal. A lo mejor la élite del mundo sabe más o menos cuando llega el momento 1929, pero la inmensa mayoría de la gente, usted y yo, no lo sabemos.

A la larga siempre se ha demostrado que lo mejor es invertir en acciones a largo plazo, y no estar intentando salir y entrar, ni siquiera cuando pensamos que “el último duro que lo gane otro”.

La cruda realidad es que esta frase es más perniciosa que otra cosa, sobre todo cuando es aplicada por la ingente masa de inversores típicos.

¿Cuántos inversores salieron del mercado en 1990, porque después de 10 años de mercado alcista pensaron que el “último duro lo ganaran otros”?

Eso lo pensaron muchos después de 10 años en los que el mercado había subido un 500%, y se salieron pensando que un gran mercado bajista al estilo de la Gran Depresión era inminente.

 

El último duro que lo gane otro

 

Lo que se perdieron fue otro mercado alcista del 500% en los siguientes 10 años, por no hablar de las ganancias en dividendos.

Cierto es, que eventualmente el mercado bajista llegó, pero no por ello, salir de las acciones en 1990 fue una buena idea.

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Sería una buena idea hacerlo justo antes del mercado bajista y entrar cuando este haya terminado. Pero, repito, eso es fácil de decir y muy difícil de hacer.

Al final, lo mejor que puede hacer el inversor pequeño es invertir durante toda su vida, construir una cartera de acciones a largo plazo y no caer presa del pánico cuando lleguen los mercados bajistas.

El intentar adivinar cuando llegará el mercado bajista definitivo y ser un maestro en el timing mejor dejarlo para otros, sinceramente.

Lo que sí puede hacer un inversor estándar o “normal” es intentar balancear la composición de su cartera para hacerla más defensiva o agresiva dependiendo de su percepción.

Por ejemplo, mediante la venta de parte de las acciones y la compra de otros activos como bonos o incluso oro, dependiendo del caso.

Un inversor que hubiera vendido algunas de sus acciones americanas en 1990 para comprar bonos a largo plazo, quedándose con una cartera más defensiva del 50%/50% (acciones/bonos), habría logrado los dos objetivos a la vez, de dejar que “el último duro lo gane otro” y, al mismo tiempo, ganar dinero si la Bolsa sigue subiendo, como al final hizo.

Aunque no ganase tanto como estar al 100% en acciones, finalmente lo habría recuperado en el mercado bajista del año 2000, donde los bonos se comportaron mucho mejor que las acciones.

 

El último duro que lo gane otro, en el trading

 

Cuestión aparte merece el mundo del trading a corto plazo, difícil como pocas cosas, y terreno poco recomendado para la gran mayoría de las personas.

Este tipo de frase, que es otra manera de decir, “recojamos beneficios” en determinado momento, no tiene nada de malo.

De hecho, evidentemente, habrá que recoger beneficios en algún momento, y la mayoría de las veces, por no hacerlo, vemos como nuestra posición se vuelve contra nosotros y acabamos perdiendo lo que teníamos acumulado, quedándonos una sensación de gran rabia.

¿Cuál es el problema?

Que no por el hecho de hacer caso de esta frase, o cualquier otra, nos vamos a convertir en ganadores en el trading a corto plazo, el cual es, independientemente de las frases muchísimo más difícil que la inversión a largo plazo. Sobre todo cuando entramos en el fangoso terreno del day trading o intradía.

De hecho, la experiencia me dice que una de las mejores maneras de intentar afrontar una estrategia de trading a corto plazo más o menos aceptable es precisamente dejando correr los beneficios y asumiendo bastantes pérdidas.

Es decir, una manera con la que no vamos a ganar lo que nos prometen los gurús del mercado cortoplacista, pues cuando tienes que cortar varias derrotas y depender de una victoria de vez en cuando, solo podrás hacerlo arriesgando poco. Y no estoy hablando de hacer intradía, sino de operaciones mucho más largas.

En general, haríamos bien en olvidarnos del trading a corto plazo y sobre todo del intradía, independientemente de las frases o consejos que nos den supuestos “day traders profesionales”.

 

Los negocios y “el último duro, que lo gane otro”

 

Es en el mundo de los negocios donde mejor se ve y comprueba la sabiduría de este dicho.

Es algo que es tan evidente que no necesita de mucha explicación.

Todo el mundo sabe que a casi todos los negocios, sobre todo cuando no están basados en algún monopolio legal, como las farmacias en España, tiene sus días contados una vez la competencia vaya descubriendo el pastel.

Es el típico ejemplo de una nueva tienda con un producto nuevo y demandado en la calle principal de una ciudad. Al principio le irá estupendamente, pues será el único actor en el área.

Una vez se corra la voz del éxito del negocio y el producto no tardarán en aparecer competidores hasta el día que la calle esté llena de tiendas de dicho producto.

Es entonces, cuando sí es sano aplicar una versión de esta frase, y proceder a vender el negocio, si es posible antes de que la situación llegue a volverse demasiado abarrotada. Mejor hacerlo cuando todavía el negocio venda bien que no esperar a que las ventas empiecen a bajar por el efecto de la competencia.

Lo mismo vale para cualquier negocio o servicio provisto en un mercado de provisión libre.

Por eso, siempre habrá que estar cambiando de negocio, renovándolo, añadiendo nuevos productos o servicios, etcétera.

Esto no aplica al mundo corporativo y monopolístico de los negocios ultra regulados y de las multinacionales, las cuales dominan ya la gestión de las leyes nacionales. Las mismas, más que innovar, solo han de dominar el negocio de los pasillos de los parlamentos.